Vallée en Argentina: Magonia está muy cerca de la Patagonia [Exclusivo]

Que el mismísimo Jacques Vallée estuvo en Argentina dejó de ser noticia hace rato. En rigor, las historias oficiales dicen que vino a realizar un film, contratado por una productora local, pero la realidad (tan traicionera, a veces) es que su interés estaba centrado en un niño que conoció allá por 1980.

EL CASO DE JUAN

No me voy a extender demasiado con el caso que atrajo al astrofísico para llegar (por segunda vez) a nuestras tierras, pero es necesario —como marco de referencia— a la hora de comprender la historia que te voy a contar.

Juan Oscar Pérez vivió, allá por 1978, un evento inclasificable, solo correspondiente a la miríada de casos extraños que se sucedieron por aquellos años. Varios objetos voladores sobrevolando su tropilla de caballos, seguido del encuentro con un humanoide “conectado” por una manguera en su traje “espacial” al objeto del que había descendido. También, otro “bicho” (como él los llamaba) de aspecto robótico, que parecía trabajar con huesos de animales (¿mutilados?) y una sensación de armonía y curiosidad compartida que se reparte en cada uno de los detalles del caso; que se encuentra bien documentado por varios investigadores argentinos y es analizado por el psicólogo clínico Juan Acevedo Peinado en su libro “Los Extraños”, en base al cual se desarrolla la película.

Dos años más tarde (1980), un Vallée en busca de respuestas, llegó a la Argentina y fue a parar (por esas sincronicidades) frente a este muchachito de campo, sencillo y trabajador, que le narró una historia que le daría vueltas en la cabeza por los siguientes 38 años.

Jacques Vallée y Juan Perez

A LA MESA CON JUAN Y JACQUES

De alguna manera, terminé cenando con Jacques Vallée, Juan Pérez, Alejandro Agostinelli y gente de la producción del film. Un sencillo plato de fideos con salsa y agua mineral de por medio. “La soda es mía”, dijo Jacques en cierto momento, asegurando la botella bajo el brazo. Una actitud simpática y relajada, que confirmaba esa primera impresión que me diera cuando me lo encontré por sorpresa en la charla de la CEFAE, cuarenta y ocho horas antes: el famoso investigador, científico e informático es tan letrado como humilde, tan inquieto como humano.

La charla, como es obvio, giró desde un primer momento en torno de los fideos y el postre. Ya casi en la sobremesa, Juan Pérez tomó las riendas de la cháchara que habíamos armado en torno a menudencias y nos narró un poco de lo sucedido en los últimos 38 años.

J. A. Hynek y Jacques Vallée

En definitiva (y como Jacques me confesó que esperaba), el fenómeno jamás lo había abandonado. Pero ponerse en el lugar del testigo es clave para comprender la dimensión de los eventos y aquí voy a hacer un breve apartado en el que citaré a mi amigo Juan Acevedo: “Una cosa es ver el fenómeno con un sándwich de milanesa en la mano, como si fuera parte del show y otra es la vivencia del misterio, con todo lo que eso implica”.

En el caso de Pérez, su relación con “esas luces”, ha traído más dolores de cabeza que felicidades, más alienación que “paz universal”. Desde problemas con sus compañeros de trabajo (peones de campo que prefieren dormir lejos de aquel que siguen las luces) hasta la sensación de incomprensión que, seamos justos, invade a casi todos los testigos de aquello que escapa a la norma.

Por allí, alguien esbozó un dibujito en el aire: “lo de Juan es una iniciación chamánica frustrada”. Afirmación que me pareció un tanto extrema. Si vamos al caso, ¿cada uno de los millones de paisanos que han visto luces o criaturas en las interminables pampas es un chamán perdido? Por eso, me pareció de gran importancia el momento en que Vallée rodeó con un brazo a Pérez para decir: “lo más importante acá es nuestra relación, el círculo que esto cierra, reabre y representa”.

MAGONIA ESTÁ MUY CERCA DE LA PATAGONIA

Como dije, Vallée esperaba que los eventos del misterio siguieran su curso en la vida cotidiana de Pérez. Un hombre sencillo, trabajador y poco dado a la exposición que, como relató, había vivido su último evento la semana anterior, en casa de su madre.

La charla siguió y comenzamos a desandar los caminos de la realidad. Vallé tomó a Pérez como ejemplo de las diferentes capacidades de percepción: “Estoy seguro que si vamos al campo abierto con Juan, él va a notar cosas que yo no voy a poder ver. Movimientos entre los arbustos, los cambios en el clima… todo tiene que ver con las habilidades de la percepción”.

“La realidad es algo muy… maleable —siguió—. Bajo los efectos de ciertas sustancias el agua se puede convertir en vino, un amigo en un animal que habla, pero la verdad es que estos casos suceden en un plano físico. Eventos como el de Juan dejan muestras de aterrizaje en el suelo, heridas en animales, como su caballo que quedó ciego. Un fenómeno físico y más cercano a lo que podemos entender como real”.

Claro que no iba a dejar las cosas allí, el investigador parece haber encontrado su manera de interpretar el significado de la fenomenología: “Creo que, como dije, el mensaje para nosotros es que la realidad es algo negociable y esto sirve a las inteligencias para crear escenarios que tienen sentido para nuestro nivel de percepción. Estudié astronomía pero mucho de mi trabajo fue con las ciencias de información y no me importa si la información es o no verdadera, porque lo que importa es cómo la información funciona, porque cambia nuestros puntos de vista, lo que pensamos. Y me parece que los casos de encuentros cercanos con OVNIs son la respuesta a una de las preguntas de la humanidad. Parecen estar siempre un paso adelante, como si presentaran un modelo de nuestro futuro. Pero, al mismo tiempo, obtienen sus imágenes y formas de nuestra misma historia”.

Y claro, en la charla tenía que aparecer su amigo John Mack, el famoso psiquiatra de Harvard que se dedicó a investigar en profundidad los casos de las llamadas “abducciones”. Mi idea era ver si comulgaba con la idea de que estas interacciones directas con los testigos tienen un propósito que va más allá del evento del misterio y si es que terminan por afectar, poco a poco, la manera en que, justamente, percibimos la realidad hacia una apertura de conciencia: “Si, estoy de acuerdo con eso, el problema es que también tenemos una parte física en este fenómeno, que son las lecturas de radar, entre otras cosas. Sin embargo John alcanzó a tener una imagen completa del panorama. El tema es que el fenómeno tiene estos dos aspectos que no sabemos cómo combinar”.

Vallée, por otro lado, comprende que la “inteligencia” tras el fenómeno parece estar muy poco preocupada por los conceptos de lo que está bien o mal. Afirma que, en ese sentido, deberíamos saltear algunas preguntas repetitivas ya que casos como el de Pérez indican que lo que se debe ver es aquello que tenga una significancia para nuestro futuro. Insiste en que la realidad es mucho más rica que lo que nos enseña la ciencia en lo cotidiano a través de las cosas materiales: “Existe una realidad humana mucho más grande y, en esta, existen otras formas de conciencia que saben cosas que no sabemos”, dijo, antes de aclarar que su pasión pasa por comprender, justamente, ese evento de la información; de la comunicación.

“Las preguntas son más importantes que las respuestas porque estas, en muchos casos, son erróneas”, comentó Vallée al referirse a la ciencia. En ese sentido hablamos sobre la necesidad de realizar nuevas preguntas porque pronto nos dimos cuenta que, en aquella mesa, como en cualquier otra unos cuarenta años antes, seguíamos enfrascados en los mismos cuestionamientos. “Nuevas preguntas seguro traigan nuevas respuestas”, le dije y me respondió que es justamente el camino que está tomando tras todos estos años de búsqueda.

¿SEREMOS REEMPLAZADOS?

Otro de los puntos que quita el sueño a Vallée (una pregunta específica y casi personal que le lancé) es la posibilidad de que la naturaleza decida “reemplazarnos” por una especie “mejor”. Esto, si no comprendemos el mensaje. Incluso, se mostró bastante proclive a la idea de que el surgimiento de una conciencia digital podría significar que nos estemos buscando el propio reemplazo. “Si una conciencia digital es más capaz de comprender la realidad y sus aristas y, por ende, comunicarse con las demás inteligencias que nos negamos a pensar que existen…”, reflexionó, dejando en el aire un millón de respuestas posibles.

Lo que sí parece tener claro es que “la comprensión del fenómeno OVNI es fundamental para la supervivencia de la humanidad. Se trata de una cuestión decisiva, comprender que coexistimos con otras formas de vida que, en muchas maneras son superiores, es necesario para comprender el universo y para qué estamos aquí. Si no avanzamos en eso, debo decir que se trata del punto de inflexión en el que prevaleceremos o desapareceremos como civilización”.

ALGUNAS REFLEXIONES DESDE MAGONIA

Compartir una sobremesa con Jacques Vallée fue, sin dudas, un regalo inesperado y especial. Lejos de una entrevista formal en la que ciertas convencionalidades pueden operar en contra de la expresión más clara y sencilla de los conceptos, el ámbito se presentó perfecto para ahondar en lo que el famoso investigador considera del misterio a sus setenta y siete años.

El broche quedó prendido con otra demostración de su humanidad y compromiso. Lejos de relevar datos y desaparecer, Vallée pidió a un amigo en común que se mantenga cerca de Juan Oscar Pérez, que lo cuide y guíe en su vivencia del misterio. Esa, y solo esa, era su gran preocupación a la hora de dejar las tierras de la Patagonia, tan parecida y cercana a su querida Magonia.

ESCUCHA A JACQUES VALLÉE EN ARGENTINA:

Fernando Silva Hildebrandt
Director del ciclo La Señal (ciencia y misterios) y Ciencia y Misterios (la revista digital).
Redacción.
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Fernando Silva Hildebrandt

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