Miguel Angel Pumilla | La Revelación [parte 1]

Revelar, del latín revelare, cuya raíz es velum, velo, significa literalmente salir debajo del velo, y en el figurado: descubrir, dar a conocer una cosa secreta o desconocida. En su acepción vulgar más general, se dice de toda cosa ignorada que se da a conocer, de toda idea nueva que descubre lo que no se sabía.

Lo curioso, es que “Apocalipsis” del latín apocalypsis, y esta a su vez del griego ἀποκάλυψις (apokálypsis), significa ‘revelación’.

Tal es así que el libro del Apocalipsis, se llama “Revelaciones” (único libro que no participa de la liturgia de la misa).

La idea de este escrito, no es hablar del final de los tiempos catastróficamente, sino del aspecto de la revelación, en qué consiste, y cuáles son sus alcances.

pd_arl_036_mind_powerDesde este punto de vista,  las ciencias en sus múltiples expresiones,  que nos dan a conocer los misterios de la naturaleza de las cosas,  -son revelaciones-, y podemos decir que hay para nosotros una revelación incesante; la astronomía nos reveló el mundo astral que no conocíamos; la geología, la formación de la Tierra; la química, la ley de las afinidades; la fisiología, las funciones del organismo, etc.; Copérnico, Galileo, Newton, Laplace, Lavoisier -en una lista interminable-, fueron unos reveladores.

Todas las religiones tuvieron sus reveladores, y aunque todos ellos estuvieran lejos conocer toda la verdad, tenían su razón para ser providenciales; porque desde un aspecto sociológico fueron adaptados al tiempo y al medio dónde vivían, al conocimiento particular de los pueblos a los cuales hablaban, y a los cuales relativamente eran superiores. Un día vendrá donde todas estas creencias, tan diversas en la forma, pero que se basan en realidad en el mismo principio fundamental, se fundirán en una unidad grande y vasta, y ello ha de ocurrir cuando la razón haya triunfado sobre los prejuicios.

Para ser más sintéticos, cuando la ciencia y la religión, puedan ir de la mano.

No existe más diverencia entre ellas que la del punto de vista, y esta oposición, propia de la dialéctica, está condenada a sintetizarse en algún momento.

El carácter esencial de toda revelación debe ser la verdad.

Revelar un secreto, es dar a conocer un hecho; si la cosa es falsa, no es un hecho, y por consiguiente no hay revelación.

Toda revelación desmentida por los hechos no es tal revelación; si es atribuida a Dios, (que no puede mentir ni equivocarse), entonces no puede emanar de Él; hay que considerarla como el producto de una concepción humana.

1127¿Cuál es el papel del profesor frente a sus alumnos, si no es el del revelador? Les enseña lo que no saben, lo que ellos mismos no tendrían el tiempo ni la posibilidad de descubrir, porque la ciencia es la obra colectiva de los siglos y de una multitud de hombres que aportaron, cada uno, su contingente de observaciones, y que aprovechan los que vienen después de ellos. La enseñanza es pues, en realidad, la revelación de ciertas verdades científicas o morales, físicas o metafísicas, hecha por hombres que las conocen a otros que las ignoran, y que sin esto siempre hubieran ignorado.

Pero el profesor enseña sólo aquello que aprendió: es un revelador de segundo orden; el hombre de talento enseña lo que él mismo descubrió: es el revelador primitivo; aporta la luz que, poco a poco, se vulgariza. ¡Donde estaría la humanidad, sin la revelación de los genios qué aparecen de vez en cuando!

Los hombres progresan indiscutiblemente por si mismos y por los esfuerzos de su inteligencia; pero, abandonados a sus propias fuerzas, este progreso es muy lento, si no son ayudados por hombres más avanzados, como el alumno lo es por sus profesores. Todos los pueblos tuvieron sus genios, que vinieron, en épocas diversas, para dar un impulso y sacarlos de su inercia.

El progreso, la evolución, tienen este intrínseco mecanismo a la hora de disparar los procesos de conciencia colectiva.  Se vale de aquellos que ofrecen condiciones para promocionar este impulso, ya sea en el ámbito de la ciencia, como de las creencias.  Desde la Ciencia o desde los misterios.  Y poco a poco, los va unificando.

the-power-of-the-subconscious-mindSi existen reveladores para las verdades científicas, pueden, con mayor razón, existir para las verdades morales, que son uno de los elementos esenciales del progreso. Tales son los filósofos cuyas ideas atravesaron los siglos.

Por tanto, sería oportuno aquí ensayar una síntesis de la manera de comportarse la revelación:  una correspondencia (oculta hasta ahora), entre la ciencia, la filosofía, y la moral.

No existe verdad, en sí misma, si no puede apoyarse en este trípode.

Le faltaría coherencia a la verdad sin alguno de sus puntos de apoyo y sustentación.

Analógamente, le sucede lo mismo a cada uno de nosotros internamente, en el orden del pensar, sentir y hacer.  Y si eso no está vinculado, en equilibrio y coherencia, no somos verdaderos en nuestra esencia.

Ciencia, Filosofía y Moral, conforman el triple aspecto de una misma verdad esencial.

Existen, además, aspectos menores de la revelación, que se dan a nivel personal, en lo cotidiano, cuando estamos abiertos a descubrir en los sucesos, en las circunstancias del vivir, aspectos que nos revelan nuestra propia interioridad, nuestras tendencias erróneas, nuestras capacidades, nuestras potencias.

En psicología se conoce como hacer “insight”.

El insight es el “darse cuenta” o tomar conciencia. Es conectar una vivencia, una conducta, un rasgo de personalidad o forma de ser, con su significado y/o su origen, lo que permite ampliar la conciencia y acceder a un mayor conocimiento de sí mismo.

La revelación, es una suerte de insight colectivo, que abarca verdades universales.

Inaugura nuevos paradigmas.

Transforma en mejor lo existente.

Nos hace mejores.

Continuará…



Miguel Angel Pumilla
Psicólogo Social
Co-conductor de La Señal (ciencia y misterios)
Investigador OVNI

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Miguel Angel Pumilla

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Psicólogo Social Co-conductor de La Señal (ciencia y misterios) Investigador OVNI

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