Ficción | El camino del abducido (cuento corto)

La carretera, si, esta noche es la carretera la que tiene el control. Solo me aferro al volante y dejo que el coche se mueva a voluntad. Porque, en definitiva, nadie sabe quién es que mueve los hilos. Menos debería preocuparme yo.
199275ddd52dc81aff744c191090dd05¿Acaso tuve una oportunidad? ¿Alguien me preguntó alguna vez qué demonios siento? Lo único que gané, al momento de pedir ayuda, es una colección de miradas raras y un sinfín de visitas a psiquiatras. Eso sin contar los que querían filmar una película, como si lo que me pasa fuera un estúpido show de media tarde.
Todos esos idiotas… ¿Quién me manda a mí a meterme con los contactados? ¡Dios santo! ¡Creen que estos tipos llegaron para salvarnos de nosotros mismos! Pero claro, si vieran uno, si hubieran visto uno estarían aquí, viajando de acompañantes, en vez de juntarse a rezar en círculo en el patio de la panadera del pueblo. No lo ven… y es como negar la existencia de ese cartel amarillo que anuncia el puente Wasi. Esta lluvia del demonio puede que empañe todo, pero el cartel esta hoy y estará mañana. Como los verdaderos planes de estos malnacidos que no paran de secuestrarme, que no van a dejarme en paz.
Yo… ya se los dije: Quieren que seamos sus esclavos, o sus vacas, o vaya uno a saber qué cosa. No sus aliados. Pero claro, mis amigos, los contactados, ellos están en su Plano de vibración prostática superior. ¡Imbéciles! Piensan que conectan con lo mismo que me pasa a mí y piden enseñanzas universales mientras yo me despierto dos veces al mes caminando al borde de la ruta, desnudo. Pero nadie tiene la sensatez de reflexionar.
Para ellos es todo lo mismo y para la medicina tengo brotes psicóticos, o esquizofrenia. Pero todos vamos a terminar igual en esta colonización. Para cuando lo vean será muy tarde, como ahora, que me salgo de la curva.

—¡¡¡Si!!!

Y el coche que no ha querido volcar. ¡El estúpido coche que no ha querido volcar! Ni todos los golpes que pueda darle al volante, nada puede repetir la oportunidad que acabo de desperdiciar. Pero puede que haya otra, quizás si fuera más rápido, sobre el puente… ahí mismo, un golpe de volante hacia el río. Seguro nos congelamos antes de ahogarnos. Sí, deseo tanto que esto acabe… yo quiero dormir. Cerrar los ojos sin estar aterrado, esperando a que vengan por mí, por los míos. Descansar de esta mierda que no pedí ni para mí ni para mi familia.
3774a8af8f54a4d12488bb8aa42afe77¿Si se lo dije al psiquiatra? Si señora vecina, por supuesto que se lo dije a mi psiquiatra. Usted, que se la pasa mirando mis penas por la ventana debería saberlo. Pero igual le cuento que lo único que obtuve, además de la cháchara, fue un par de recetas para comprar pastillitas de colores. Si, seguro, me voy a defender mejor de estos secuestradores cósmicos estando dopado… ¿O será que están infiltrados? Ser paranoico ya no alcanza, no, si supieran… por ejemplo los empleados de esa gasolinera que acabo de pasar… ¿tendrán idea de lo que se avecina?
Esa gente, toda esa pobre gente. Distraída por los medios, los distractores, los corruptores de la realidad. Inyectan miedo, terror al otro, al vecino, al pobre, al negro, al blanco, al indio, al perro, a la remolacha y a la lluvia. Pero no dicen la verdad, no hablan del verdadero enemigo. Separan, dividen, por eso estoy seguro de que vencerán. Pero no, no conmigo. Yo no voy a ser parte de eso señora. Ni yo ni mi familia.
¡Lamento tanto haberla amarrado! Ya sé que usted no lo entiende, ella tampoco. Pero ninguna de las dos sabe lo que sucede cuando alguien de mi familia está por nacer. Mi padre fue un cobarde, me lo ha dicho, pero yo no lo voy a permitir. Este pasaje a la muerte que regalo a mi amada mujer y nuestro hermoso… yo, no puedo pensar en la personita que lleva en el vientre. No puedo pensar en verla sufrir lo mismo que yo. Por eso los encerré en el baúl. Por eso es que se irán conmigo al fondo del río.
¡Si señora! Podrá pensar que estoy loco, pero usted no sabe ¡Usted no tiene la más mínima idea! ¿Alguna vez imagino lo que es saberse responsable de la muerte de lo que más ama? ¿Imaginó tal vez lo que se siente estar virando hacia el vacío? Mire como lo hago señora… usted, con sus charlas de buenas costumbres, trate de describir lo que estoy haciendo. ¡Vamos! A ver cuánto disfruta mañana por la mañana cuando repase el titular con la noticia de nuestras muertes. ¡Sí! Ya estoy en el puente, ya viajo a toda velocidad contra la valla de lata que pusieron esos corruptos.
¡Voy a salir disparado sobre el agua! Mierda, menuda mierda que es esto… mi mujer, mi hijo por nacer…

¿Y ese resplandor?
¿Por qué hay tanta luz?
¿Son ustedes? ¿Están aquí?
¿No me van a dejar?
Por… favor.

Licencia Creative Commons
El camino del abducido por Fernando Silva Hildebrandt se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución – No Comercial – Sin Obra Derivada 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http://cienciaymisterios.com.ar/bienvenidos/la-niebla/ficcion-camino-del-abducido-cuento-corto/.

Fernando Silva Hildebrandt
Director del ciclo La Señal (ciencia y misterios) y Ciencia y Misterios (la revista digital).
Redacción.
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Fernando Silva Hildebrandt

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