Cait | Gatos: esos seres tan misteriosos

Son amados u odiados, sin términos medios. Su carácter especial e independiente fascina a mucha gente, y los pone en antagonismo directo con los perros y su comportamiento zalamero y lamebotas. En la inmensa mayoría de los casos, si sus dueños desaparecieran, no se harían mayor problema, desempolvarían su ancestral instinto cazador, buscarían su propia comida y harían su vida sin extrañar nada. Comparten con los reptiles la característica de que no dejan indiferente a nadie, pero por su aire sabio y misterioso, como si fueran personas reencarnadas. Obviamente, nos estamos refiriendo a los gatos, los animales más misteriosos e incomprensibles con los cuales la gente convive o trata de hacerlo desde hace milenios.

La verdad que desde el comienzo, estos felinos han tenido un lugar preponderante en muchas culturas, compartiendo podio con el dragón y el león. A este último, en algunos lugares, lo destronó. La frase “Facebook parece el antiguo Egipto; todos escriben en los muros y adoran a los gatos”, no es chiste; los sacerdotes egipcios rendían tributo primeramente al león, pero con la domesticación del gato (llevada a cabo primeramente en Chipre alrededor de dos milenios antes) cambiaron de ídolo, primero, porque el gato era un buen guardián, se comía las ratas de los silos y las serpientes cornudas, y segundo, razones prácticas, porque rendir culto al león era bastante más peligroso; así, en poco tiempo se pusieron en circulación varias deidades con cabeza de gato, siendo la más conocida la diosa Bast o Bastet, responsable de la fertilidad y la maternidad. Los gatos llegaron a Japón de mano de los monjes budistas, pero dejaron de ser parte de esa religión luego de que un minino se quedara dormido en los funerales de Buda. Los japoneses pensaban que si un gato llegaba a los cien años, pesaba tres kilos y tres cuartos, y se le dejaba la cola larga (era costumbre cortársela) podía convertirse en un ser poderoso y bastante maligno llamado bakeneko –aunque también los había benignos-. En la actualidad hay una pequeña isla llamada Tashirojima, donde viven miles de gatos que son tratados como verdaderos dioses por una población que apenas llega a las cien personas. Hay indicios de que sus vecinos los chinos conocían desde hace mucho a los gatos, aproximadamente desde el año 3000 A. C.  También les dieron gran importancia, creyendo que ahuyentaban espíritus malévolos con el brillo de sus ojos y que los dioses los habían nombrado guardianes del tiempo.

La diosa Bast o Bastet, era considerada responsable de la fertilidad y la maternidad
La diosa Bast o Bastet, era considerada responsable de la fertilidad y la maternidad

En las tierras altas de Escocia se pensaba que rondaba el cat sith, un gato espectral poco confiable, pues podía robar el alma humana al morir el dueño antes de que fuera reclamada por los dioses. Para los celtas, los gatos comunes eran bestias temidas y amadas a la vez, porque aparentemente eran recipientes de altos poderes que podían usarse para bien o para mal. En sus creencias más antiguas se decía que los gatos eran los guardianes de los secretos del Más Allá. Muchos de sus clanes tenían un tótem como gato, o afirmaban descender de uno. (No obstante, los celtas no tenían problema en descuartizarlos para hacer hechizos). Los guerreros vikingos, entre matanza y matanza, llevaban gatos sobre los  barcos para controlar las ratas. Los Machica, anteriores a los Incas, al gato lo tenían como una deidad superior. La Iglesia Católica, durante la Edad Media especialmente, asoció a estos felinos con el diablo, para variar, tratándolos de demonios familiares (sirvientes de los brujos y espías del Demonio) de manera que por tener uno en casa se vivía en riesgo de ser acusado de brujería, si no eran los mismos gatos los que supuestamente eran hechiceros transformados. Se llegó al extremo de juzgarlos como a personas y colgarlos, juicio justo, que le dicen. La cultura islámica, por el contrario, gustaba de la compañía felina, y se contaban historias sobre que los gatos consiguieron entrar al Paraíso cuando Mahoma los consideró animales nobles. Puede decirse que en Asia la imagen de estos animales es bastante positiva, en tanto que en Europa depende del país.Los seres ronroneantes saben tener activa participación en otras leyendas. Al parecer, en el arca de Noe no había gatos porque no existían, y los roedores se habían multiplicado demasiado, así que Dios los creó  a partir del estornudo del león. Sin embargo, otra leyenda del mismo ramo cuenta que el diablo quiso demostrar que él también podía crear un hombre, pero le salió un gato, y de yapa sin piel, así que San Pedro se apiadó de la pobre criatura y se la concedió. En Birmania se cree que cuando muere uno de los gatos sagrados de los monasterios, en realidad es el alma de un monje que retorna al cielo. Los gatos siameses originales tenían por naturaleza estrabismo y cola torcida, y una leyenda arabe lo explica diciendo que una vez una gata de esa clase tenía que vigilar una vasija. Para que no se le pierda pasó la cola por las asas y la miró fijamente todo el rato, pero paso tanto tiempo hasta que fueron a buscar la vasija, que la cola se le torció, y los ojos le quedaron cruzados.

En Japón existe la leyenda del poderoso y bastante maligno gato llamado bakeneko.
En Japón existe la leyenda del poderoso y bastante maligno gato llamado bakeneko.

Una leyenda irlandesa habla sobre el gato Banghaisgidheach, rey de los gatos de Kikenny, que mató al monstruoso Luchtigern, el señor de los ratones. Fueron dos gatos salvajes de los bosques de Noruega quienes defendieron a la diosa Freya del ataque (motivado por motivos lascivos) del dios Thor. Esta diosa también tenía gatos como consejeros, y como bestias que tiraban de su carro de guerra (hermosa alegoría política). En el suroeste de los Estados Unidos se cuentan historias sobre el cactus cat -o sea “el gato cactus”-, un animal de pelo espinoso, que rasga esos vegetales con sus garras en forma de cuchilla, y se bebe el jugo que sale hasta quedarse ebrio. En la mitología grecorromana, el gato fue creado por Artemisa, solo para burlarse de su hermano Apolo, que había creado el león para asustarla.Estas son solo algunas de las cosas que los antiguos crearon sobre los gatos, pero no podemos quejarnos mucho de ellos, porque los modernos también tenemos una importante caterva de creencias sobre ellos, más que nada sobre los de color negro. En algunos países se celebra la visita de un felino de ese color, pues se considera de buen augurio, pero no la llegada y estadía permanente, porque significa malas noticias. El encuentro con un gato negro camino a la iglesia el día de la boda se considera de buena suerte. Se piensa que pueden predecir la muerte de una persona, que pueden ver el aura y los espíritus, en tanto que escuchar su estornudo trae buena fortuna. Al igual que los reptiles, se han ganado un sitio en la mitología ufológica bajo la forma de extraterrestres felinos que habrían venido a nuestro planeta en tiempos antiguos, inspirando todas las historias y estatuas de deidades con cabeza de gato, aunque también, más tirando hacia el lado de lo más comprobable, hay testimonios de encuentros con gatos gigantes, llamados “Alien Big Cat”.

Sin embargo, y a pesar de todas las leyendas, las historias y todos los tejemanejes religiosos y supersticiosos de los que han sido objeto, los gatos son como cualquier otro animal, no tienen motivaciones divinas ni malignas. Simplemente van y vienen por ahí, independientemente, solo acudiendo a nosotros cuando nos necesitan. Simple interés, que le dicen, sino ¿cuál fue el motivo por el que se acercaron a los graneros de los antiguos egipcios? Buscaban ratones.

Mario Martin
Escritor, ensayista.
Trenque Lauquen, Argentina.

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Escritor, ensayista. Trenque Lauquen, Argentina.

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