Mitología | Brujas y Magos, que los hay, los hay…

Cuando se piensa en brujas y magos, ya automáticamente la mente vuela a los preconceptos aprendidos; las brujas vestían de negro, usaban sombreros puntiagudos, volaban en escobas y convertían en sapo a cualquiera, aparte de organizar divertidos aquelarres de sexo y danzas en torno a un macho cabrío, aparte de envenenar princesas con manzanas, en tanto que si uno dice “brujo” como que se tiene más consideración al interpretar esa palabra como vidente o clarividente, chaman, o médico brujo de las tribus. Ojo, estás otras interpretaciones también valen para lo femenino, pero cuando se piensa en brujas no es lo primero que viene a la mente. Los magos usan túnica y bonete con estrellitas y se dedican a hacer el bien, siempre y cuando no se los jorobe demasiado (también están las madres de las parejas o los que llegan a fin de mes con el sueldo, pero eso es otro asunto). Son imágenes un poquito bastante alejadas de la realidad, aunque acierta en describir que bruja y mago son cosas muy distintas.

Desde el principio de la humanidad, las brujas originales eran mujeres sabias e inteligentes que podían pronosticar los cambios de clima o cuando iba a florecer o crecer tal árbol, gracias a décadas y décadas de experiencia por observación. Sin embargo, con el tiempo la situación cambió para ellas, porque se comenzó a pensar que sí alguien era capaz de predecir el clima, también podía ser capaz de empeorarlo. Las interacciones entre creencias y los fortuitos desastres naturales no ayudaron a que no se pensara eso. Los magos son un poco más recientes, empezando como magi, ocupación de algunos miembros de una tribu del antiguo Oriente Medio, que constaba de prácticas religiosas y funerarias, pero luego esa tribu terminó siendo asimilada por Persia, y los magi agregaron a sus saberes conocimientos de magia, demonología y astrología. Las culturas de todo el mundo reflejaron estas posturas parecidas pero distintas. Por ejemplo, en las Sagradas Escrituras cristianas tenemos a la pitonisa de Endor. El rey Saúl había organizado toda una matanza general de brujos y brujas en Israel, pero le ganó la ansiedad, y fue disfrazado a visitar a una bruja para que le adivinara el resultado de una batalla que tendría el día siguiente. La bruja convocó a los muertos, y quien se apersonó fue el espectro del profeta Samuel, muerto hacía pocos días, quien le reprochó a Saúl haber interrumpido su descanso, y le vaticinó que en la batalla morirían él y sus hijos, ahora, no sabemos si porque ya estaba fijado que iban a morir o por la ya mencionada interrupción del reposo eterno. Cientos de años después, migajas luego de la muerte de Jesus, tenemos a Simón el Mago. Los Apóstoles estaban divulgando las enseñanzas de su Maestro, hasta que se les cruzó este personaje, que asombraba a los pobladores de Samaria con sus prodigios, y les intentó comprar el don del Espíritu Santo. Para qué. San Pedro se encolerizó y le cantó las cuarenta, a lo cual Simón respondió que orasen por él para que Dios lo perdone.

En los mitos griegos también hay ejemplos de magia y brujería. Tenemos a la maga Circe, que convertía en animales a todos los que se aventuraban en su isla. Hizo lo mismo con los compañeros de viaje del héroe Ulises, pero los regresó a la normalidad porque al griego eso no le cayó demasiado en gracia. También se encuentran las Greas o Grayas, tres brujas desagradables que compartían un ojo de vidrio para ver, y un diente para comer. El héroe Perseo les arrebató el ojo en el momento que se lo intercambiaban, y se los devolvió a cambio de información. Sin embargo, si de magos famosos hablamos, se tiene que mencionar al mago más famoso de todos, Merlín, a mitad de camino entre la realidad y la leyenda, aunque parezca más recostado hacia ella. Según las historias que se cuentan, fue el principal ayudante del rey Arturo, jefe de los caballeros de la mesa redonda. Las fechas de su nacimiento y de su muerte son completamente imprecisas porque aparecen en diferentes relatos de muy poco valor histórico, aparte de que difieren completamente sobre quienes eran sus padres; en una de las versiones, la madre es una bruja, justamente. Merlin era muy poderoso. Según la novela “Lancelot y Ginebra”, “conocía la esencia de todas las cosas, su transformación y su renovación, conocía el secreto del Sol y de la Luna, las leyes que rigen el curso de las estrellas en el firmamento; las imágenes mágicas de las nubes y el aire; los misterios del mar. Conocía los demonios que envían sueños bajo la Luna. Comprendía el grito áspero de la corneja, el volar cantarín de los cisnes, la resurrección del fénix. Podía interpretar el vuelo de los cuervos, el rumbo de los peces y las ideas ciegas de los hombres, y predecía todas las cosas que sucedían después.” Por lo que dice la leyenda, terminó sus días encerrado en un árbol del bosque de Brocelianda (imagen interpretada por algunos como la unión entre el hombre y la naturaleza) a la espera de que alguien lo libere.


Los magos ya no quieren comprar el Espíritu Santo, sino más bien se dedican a espectáculos para asombrar a la gente, y ya han dejado de llamarse magos para pasar a ser ilusionistas. En cuanto a las brujas, estas siguen realizando más o menos las mismas actividades pero sin calderos o escobas, y en el mejor de los casos, apareciendo en programas de espectáculos luchando contra las malas energías que acosan a las personas famosas o tirándole las cartas a la Tierra. Hay una historia sobre ellas bastante curiosa, que al parecer ocurrió en la vida real. Cierto rey de España, enterado de que en una de las provincias había muchas historias sobre brujas y compinches, envió a un grupo de oficiales a investigar esos rumores.

Realmente, el equipo enviado no pudo encontrar nada, pero dudaba en desacreditar a toda una región, así que decidieron quedar bien con Dios y con el diablo y en el informe que elaboraron crearon la frase “las brujas no existen, pero que las hay, las hay.” En fin…

Mario Martin
Escritor, ensayista.
Trenque Lauquen, Argentina.

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Escritor, ensayista. Trenque Lauquen, Argentina.

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