Mitología | Isis, la madre de todos (por Mario Luis Martín)

Hoy se va a hablar de una de las diosas más importantes de la antigüedad. Conocida por muchos nombres y advocaciones, y además de prestar su nombre para un grupo terrorista moderno, Isis era la esposa y hermana de Osiris, el dios sol egipcio, e hija de Geb (nombre egipcio Keb, dios creador personificador de la Tierra, representado como un hombre acostado con un ganso sobre la cabeza) y de Nut (o Nuit, representación del cielo, creadora del universo y las estrellas, dibujada como una mujer desnuda en posición de arco, mirando para abajo). Ya tiene lugar la primera alteración; realmente, Isis es el nombre griego para esa diosa, cuya denominación original era Ast, que significa “trono”, y por tal motivo a veces aparece con un artefacto de esos en la cabeza, aunque también suele aparecer sentada adornada con un tocado de disco solar en la cabeza por ser hija del dios supremo Ra, con alas de milano en maternal actitud protectora de sus fieles, o en forma de diosa-árbol, amamantando al faraón que fuera. Era la diosa de la sabiduría, la magia, protegía a las mujeres y niños, y era la patrona de los misterios de la vida y de la muerte. Por si fuera poco, se pensaba que había creado la primera cobra y que tenía siete guardianes (Befent, Maatet, Mestet, Mestetef, Petet, Tefen y Thetet) que eran escorpiones, por lo que también se la invocaba contra las frecuentes picaduras de estos bicharracos.

La intervención más famosa de Isis en la mitología egipcia quizás es en la leyenda del asesinato y  resurrección de Osiris. Seth estaba medio bastaaante enojado con su hermano Osiris porque se había ido de viaje a hacer sociales a otros países y había dejado a cargo del reino a su esposa Isis, y eso le parecía injusto. Cuando el rey regresó, su hermano dio una fiesta, y lo hizo meter en un ataúd con la promesa de regalárselo si le quedaba bien. En cuanto Osiris entró, Seth  cerró herméticamente el cajón y lo lanzó al río Nilo. Al enterarse (y sin que se especifique cuáles fueron las consecuencias inmediatas, si Egipto entró en acefalía o que onda, que reacción social hubo, o cosas así), Isis buscó el cofre mortuorio, lo encontró, recuperó el cuerpo y se lo llevó a palacio, quizás para revivirlo. Sin embargo, en cuanto se descuidó, Seth descuartizó a Osiris y desparramó los pedazos por todo Egipto a suerte y verdad. Con la ayuda de su cuñada Neftis, esposa de Seth, Isis consiguió recuperar casi todos los pedazos, con excepción del falo. No hubo problema con eso; Isis fabricó uno artificial, y revivió a Osiris con la ayuda de Anubis y Neftis. Con falo artificial y todo, Isis pudo quedar embarazada de Osiris, y de esta manera nació Harpócatres, también llamado Horus, quien, al llegar a la edad adulta, luchó contra Seth y vengó a su padre.

Cómo diosa, es medio dificultoso individualizar a Isis como una sola entidad a lo largo de su historia, porque se la ha identificado con varias de sus compañeras de mitología. Le quitó el puesto a la diosa Hathor como madre del dios Horus, y hasta se la llegó a identificar con ella. Sin ir más lejos, una leyenda derivada de la historia de Osiris cuenta que Horus iba a matar a Seth para vengar a su padre, pero Isis intentó interceder para que no lo ajusticie. Quizás a Horus se le fue la mano porque se enojó ante esta petición (o quizás ante el hecho de que su padre, su madre, y su tío eran hermanos, lo cual lo convertía en primo de sí mismo) y le cortó la cabeza. Por suerte estaba ahí Thot, que convirtió su cabeza en la de una vaca y se la reacomodó. De esta manera, como que se quiso poner en claro que Isis y Hathor (diosa con cabeza de vaca, obviamente) eran dos caras de la misma moneda. De la misma forma, en el transcurso de la historia de Egipto, quedó fusionada o hermana siamesa de Astarté, Bastet, Renunet, Sotis, etcétera. Luego fue exportada a Roma, donde la vistieron a la manera de aquella ciudad, y para variar, la relacionaron con otras deidades. La pobre quedó más manoseada y retoqueteada que esas personas que se hacen tantas cirugías plásticas que al final ni ellas mismas se reconocen. Sin embargo, el escritor Lucio Apuleyo, le hace justicia. En su obra “La metamorfosis o el asno de oro”, al protagonista se le aparece una deidad, que le dice lo siguiente:

Templo de Horus
Templo de Horus

“—Heme aquí que vengo conmovida por tus ruegos, ¡oh Lucio!; sepas que yo soy madre y natura de todas las cosas, señora de todos los elementos, principio y generación de los siglos, la mayor de los dioses y reina de todos los difuntos, primera y única gola de todos los dioses y diosas del cielo, que dispenso con mi poder y mando las alturas resplandecientes del cielo, y las aguas saludables de la mar, y los secretos lloros del infierno. A mí sola y una diosa honra y sacrifica todo el mundo, en muchas maneras de nombres. De aquí, los troyanos, que fueron los primeros que nacieron en el mundo, me llaman Pesinuntica, madre de los dioses. De aquí asimismo los atenienses, naturales y allí nacidos, me llaman Minerva cecrópea, y también los de Chipre, que moran cerca de la mar, me nombran Venus Pafia. Los arqueros y sagitarios de Creta, Diana. Los sicilianos de tres lenguas me llaman Proserpina. Los eleusinos, la diosa Ceres antigua. Otros me llaman Juno, otros Bellona, otros Hecates, otros Ranusia. Los etíopes, ilustrados de los hirvientes rayos del sol, cuando nace, y los arrios y egipcios, poderosos y sabios, donde nació toda la doctrina, cuando me honran y sacrifican con mis propios ritos y ceremonias, me llaman mi verdadero nombre, que es la reina Isis…”

Mario Martin
Escritor, ensayista.
Trenque Lauquen, Argentina.

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Escritor, ensayista. Trenque Lauquen, Argentina.

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