Mitología | Jason y Medea (Primera Parte): el largo viaje buscando una lana amarilla

La mitología griega es la que posee las epopeyas más conocidas. Una de ellas es la que habla de la búsqueda del Vellocino de oro, en la cual nuestro héroe se llama Jason, como el asesino de la serie fílmica “Viernes 13”, que también tiene su propia mitología. Aquí una digresión a propósito del mismo nombre; si algún cataclismo infernal destruyera nuestra civilización, los arqueólogos del futuro creerían que la gente de esta era le rendía culto a los dioses infernales Drácula, Frankenstein, Freddy, Jason, Chucky, porque se toparían con gran cantidad de esculturas, dibujos y de relatos escritos como si ellos fueran seres reales. ¿No habrá pasado lo mismo con alguna de las mitologías más importantes, los historiadores más importantes dando por sentado que era un sistema de creencias reales, y en realidad, solo un conjunto de historias que se sabía que eran fantásticas, y los “creyentes” el club de fans?

Jason y Medea
Jason y Medea

La precuela de esta historia vendría a ser así. Tiro, reina de Yolco, una ciudad en la provincia de Tesalía, Grecia, obviamente estaba casada con el rey, Creteo, y ya tenía un hijo llamado Esón, no obstante, le tenía ganas sexuales a un dios del agua llamado Enipeo, al cual eso lo halagaba, pero tampoco le prestaba demasiada atención. El dios Poseidón se aprovechó de esto, se hizo pasar por la otra divinidad, y tuvo relaciones con ella, fruto de las cuales salieron los gemelos Pelias y Neleo. Ya de grandes, Pelias se había convertido en un hombre ambicioso, así que le usurpó el trono a Esón, el primogénito, y lo encarceló –aunque según algunos, en realidad Esón solo le cedió el trono hasta que Jason cumpliera la mayoría de edad-, en tanto que envió al exilio a su hermano gemelo. Aun estando dentro de la cárcel, Esón se casó y tuvo varios hijos, entre ellos, Jason, el protagonista de la historia del título.  Mientras tanto, Pelias se puso a picar clavos porque un oráculo le había pronosticado que un hombre con un zapato solo pondría en peligro su reinado.

Estatua del Dios Poseidón

Inevitablemente, el tiempo pasó. Esón había enviado a su hijo Jasón a ser entrenado por el centauro Quirón hasta que fuera grande, y se hizo grande. Abandonó a su maestro y regresó a la ciudad dispuesto a recuperar el trono que legítimamente le correspondía. El rey Pelias estaba realizando sacrificios en honor a Poseidón, cuando su sobrino se presentó en la plaza donde lo estaba haciendo vestido de forma extraña, cubierto con una piel de pantera, una lanza en cada mano, y calzando un zapato solo, porque al otro lo había perdido cruzando una laguna. No lo reconoció porque apenas era un niño la última vez que lo había visto, pero ya le agarró idea porque estaba descalzo. Jason pasó algunos días con su padre Esón, y luego fue a hablar con su tío para reclamarle el trono. Pelias ya había estado imaginando que hacer, mandarlo a una tarea casi imposible de realizar con la esperanza de que nunca regresase, así que le ordenó ir hasta la Colquide, al pie de la región del Caucaso, y traer el Vellocino de oro. Esa cosa era el cuero cabelludo de un carnero volador con lana de oro que había salvado la vida de un antepasado de Pelias, y que ahora era custodiado por un feroz dragón.

Jason aceptó la tarea y reunió a un variopinto grupo de héroes (así cualquiera). Eran entre cincuenta y sesenta, según las fuentes, y entre ellos se destacaban el forzudo Hercules, Orfeo, cuya música amansaba a las fieras, los mellizos alados Calais y Zetes, y el poderoso guerrero Céneo, que había nacido mujer y la violó el dios Poseidón- cuando no-, y como resarcimiento, pidió ser convertida en un hombre invulnerable. La cosa es que reunió a todos estos aparatos y zarparon en un barco llamado Argo, porque había sido construida por un hombre Argos –se mataron imaginándose el nombre- así que se convirtieron en los Argonautas, esto es, Marineros del susodicho barco.

Arpias
Arpias

Tuvieron algunas aventuras durante el viaje. Arribaron a la isla de Lemnos, solamente habitada por mujeres a las que Afrodita había castigado por falta de culto volviéndolas desagradablemente olorosas. Como sus hombres las habían reemplazado por las mueres de otras islas, que tenían una baranda (olor fuerte) normal, los liquidaron, por ese motivo estaban solos. Los argonautas se quedaron para repoblar la isla, pero algunos se entusiasmaron tanto, que tuvo que ir Hércules a recordarles que estaban viajando por otra cosa. Luego abandonar Lemnos, llegaron a la isla de Cícico, donde fueron recibidos hospitalariamente, pero luego, al irse y tener que volver por una furiosa tormenta, no reconocieron la isla y los habitantes los tomaron por piratas, luchando entre sí hasta que al amanecer se dieron cuenta del error y organizaron juegos fúnebres en honor al rey de la isla, que había caído en combate. Al abandonar esas tierras, pasaron por Salmideso, donde residía el adivino ciego Fineo, al cual las arpías no lo dejaban alimentarse. Jason se las ahuyentó, y Fineo, en agradecimiento, le indicó como cruzar por entre las Simplégades, dos enormes piedras flotantes que aplastaban a los barcos que sí o sí tenían que pasar entre ellas.

Bueno, luego de estas y de algunas aventuras más, llegaron a la Colquide, donde Jasón le explicó al rey Eetes el motivo de su visita. El susodicho rey, por él encantado, le daba el Vellocino con moño y todo, para tenerlo juntando tierra ahí, sin utilidad, pero antes tenía que uncir al mismo yugo dos toros bastante simpáticos con pezuñas de bronce y que arrojaban fuego, y luego arar con ellos un campo, sembrarlo con dientes de dragón, y luchar contra unos soldados que brotarían (lógica de la mitología griega). El rey, sin embargo, no contó con que su hija, la hechicera Medea, se enamoró de Jason y le ayudó a cumplir con esas tareas, y también con el robo del Vellocino en cuestión –a cambio de que se casase con ella para poder irse de la casa de su padre- razón por la que se tuvieron que ir rajando de ahí, sin necesidad de casarse ni nada.

Regresaron con el Vellocino, pero su tío Pelias no quiso entregar el trono. Ahí Medea entró nuevamente en acción, convenciendo a las hijas de Pelías que su padre ya estaba muy viejo y que iba a rejuvenecer si lo descuartizaban y lo ponían a hervir en una olla. Las hijas deben haber puesto algún reparo, así que la hechicera hizo la demostración con un carnero; lo mató, lo  hirvió, y al poco rato, de la olla saltó un cordero. Las mujeres, convencidas, hicieron lo mismo con el padre, pero lo único que salió de la olla fue olor a caldo de carne humana.

Sin embargo, no todo terminó color de rosas. Jason y Medea se casaron y por un buen tiempo fueron felices y comieron perdices, pero esos buenos tiempos se terminaron. Eso quedará para la siguiente entrada…

Mario Martin
Escritor, ensayista.
Trenque Lauquen, Argentina.

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Mario Martin

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Escritor, ensayista. Trenque Lauquen, Argentina.

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